Fase Dinámica I.

El niño estando estirado sobre su espalda en su alfombra, su primer reflejo será intentar instalarse sobre el vientre. El bebé prefiere estar en esta posición para jugar y descubrir sus primeros desplazamientos.

Estos se realizan en el suelo y tiene una gran importancia para el futuro motor del bebé. Estos primeros movimientos le permiten conocer bien su cuerpo gracias al contacto de su piel con los diferentes soportes sobre los que él evoluciona, y le dan la ocasión de utilizar a menudo sus brazos.

Ya no se beneficiará más de estas dos ventajas cuando esté en posición vertical.

La diversidad de movimientos le orienta constantemente sobre la situación de su cuerpo en el espacio.

La instalación sucesiva de etapas participa en la construcción de la motricidad tanto en el plano cualitativo del movimiento como en la riqueza de las informaciones registradas, y hay que ver con qué alegría el bebé se divierte pataleando y circulando por todo. Esta actividad es para él, el mejor pasatiempo.

El descubrimiento del entorno, la posibilidad de manipular objetos diferentes (y no solo juguetes) le ayudan a desarrollar el conjunto de capacidades cognitivas (asociadas al aprendizaje en general).

Por último, gracias a la autonomía adquirida, el bebé se libera poco a poco del adulto (y viceversa).

El movimiento es más o menos elaborado según el tipo de suelo: las baldosas, el parqué o el plástico favorecen los deslizamiento, como pivotar o arrastrarse; los suelos que “enganchan”, como la moqueta o alfombras, son más útiles para la instalación en cuatro patas.